Valorar los alimentos también es combatir el hambre

En 2025, cerca de 329 toneladas de alimentos que pudieron terminar como desperdicio llegaron a familias que los necesitaban. Detrás de cada kilogramo recuperado hubo una decisión solidaria, una alianza y una oportunidad para transformar vidas.

Hay cosas que, por cotidianas, corremos el riesgo de dejar de valorar. Una de ellas es la comida.

Mientras para algunos una fruta, un pan o una caja de alimentos pueden parecer algo pequeño, para muchas familias representan una comida que no siempre está garantizada. Por eso, cuando hablamos de hambre, también tenemos que hablar de desperdicio y preguntarnos qué podemos hacer para que los alimentos que todavía pueden llegar a una mesa no terminen en la basura.

Desde la Cruz Roja Colombiana Seccional Cundinamarca y Bogotá he tenido la oportunidad de conocer de cerca muchas de esas historias. Historias de familias que necesitan apoyo, pero también de personas, empresas y organizaciones que quieren ayudar y que, cuando encuentran una manera de hacerlo, pueden cambiar la vida de otros.

De esa convicción nació la Fundación Misión Nutrición. En 2025, durante su primer año completo de operación, logramos recuperar y distribuir cerca de 329 toneladas de alimentos. También entregamos 5.680 mercados y llegamos a 50 fundaciones en ocho localidades de Bogotá, beneficiando a 8.410 familias y 6.886 niños y niñas.

Las cifras son importantes porque nos permiten dimensionar lo que hemos logrado. Pero, para mí, lo más importante es lo que hay detrás de ellas: alimentos que no terminaron en la basura, familias que recibieron un mercado cuando más lo necesitaban y niños que pudieron tener un desayuno o un almuerzo.

Y hay algo más que estas cifras nos enseñan: cuando unimos esfuerzos, podemos llegar mucho más lejos.

Misión Nutrición ha sido posible gracias a empresas, donantes, organizaciones sociales, voluntarios y personas que decidieron aportar. Cada uno desde su lugar, pero todos con una misma intención: que los alimentos lleguen a quienes los necesitan.

Uno de los momentos que más recuerdo de este primer año fue la jornada Mil Desayunos, en el barrio El Lucero. Más de mil niños y niñas recibieron alimentos gracias al trabajo de muchas personas que hicieron posible esa jornada. Experiencias como esta nos recuerdan que ayudar no siempre requiere grandes discursos; a veces empieza con algo tan sencillo como preguntarnos: ¿qué podemos hacer con lo que tenemos?

Una empresa puede donar los alimentos que ya no va a comercializar. Una persona puede aportar. Un voluntario puede dedicar su tiempo. Una organización puede abrir sus puertas para recibir la ayuda. Y cuando todas esas acciones se encuentran, lo que parecía pequeño puede convertirse en una gran oportunidad para alguien más.

Por eso creo que combatir el hambre es una tarea de todos. No podemos acostumbrarnos a que, mientras algunas personas tienen dificultades para llevar comida a sus hogares, toneladas de alimentos que todavía pueden consumirse terminen desperdiciadas.

Necesitamos cambiar esa mirada y entender que detrás de cada alimento que recuperamos hay una posibilidad; detrás de cada donación, una historia; y detrás de cada persona que decide ayudar, hay una oportunidad para construir una sociedad un poco más solidaria.

También he aprendido que, para que estas iniciativas puedan crecer, necesitan algo fundamental: confianza. Confianza entre quienes donan, quienes reciben y quienes hacen posible que la ayuda llegue a su destino. Esa confianza se construye trabajando con responsabilidad y demostrando con hechos que cada aporte cuenta.

En este camino, la Fundación también ha avanzado en su fortalecimiento institucional. La obtención del Régimen Tributario Especial fortaleció la transparencia y sostenibilidad institucional de la Fundación, generando mayores condiciones de confianza para donantes y aliados estratégicos.

El reto que tenemos ahora es aún mayor: llevar Misión Nutrición a más comunidades, sumar a más empresas y recuperar muchos más alimentos que todavía pueden llegar a quienes los necesitan. Pero, sobre todo, seguir demostrando que la solidaridad, cuando se convierte en acción, tiene el poder de cambiar vidas.

Cada empresa puede convertirse en un aliado. Cada organización social puede fortalecer su impacto. Cada ciudadano puede aportar desde el voluntariado, la donación o la difusión de esta causa.

Porque cuando un alimento se rescata, también se rescata una oportunidad para construir un futuro con menos hambre y más dignidad.

Si quieres conocer más sobre Misión Nutrición, sus iniciativas y las formas de sumarte a esta causa, puedes ingresar a nuestros canales oficiales: www.cruzrojabogota.org.co

No hay alimento pequeño cuando alguien tiene hambre, ni esfuerzo pequeño cuando se trata de ayudar. Valorar lo que tenemos, evitar que los alimentos se desperdicien y trabajar juntos también es una forma de combatir el hambre.

Gabriel Camero Ramos
Presidente de la Cruz Roja Bogotá